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17 mayo 2006

Compartiendo impresiones: Wing Commander


Hay películas -y autores, y músicas, y novelas, pero ahora toca hablar de cine -que pasan desapercibidas, sin pena ni gloria. Que me condenen si sé porqué.
En muchos casos se trata de gente que sencillamente no gusta del subgénero en cuestión, en éste caso el cine de CF en su variedad space ópera. No hay en ello ningún misterio, pues. Sin embargo, algunas películas pasan sin pena ni gloria entre gente que, en cambio, va al cine y luego celebra, colecciona y mima el recuerdo de otras, algunas veces sin motivos (pero esto, claro, son apreciaciones personales) y otras con ellos. Me viene ahora a la memoria el caso de Pitch Black, película ciertamente lograda y celebrada entre otras cosas por un cierto minimalismo estético, y a partir de la cual los aficionados construyeron toda una pequeña subcultura con fenómenos tan particulares como las Pitch Black Rave Parties
Bien, pues éste es uno de esos casos en que maldita sea si lo entiendo. Conozco a aficionados al género que sencillamente no han oído hablar en su vida de Wing Commander, o han pasado de largo en las estanterías de un video club sin plantearse siquiera de qué iría. Muchos han oído hablar del juego del mismo nombre, y dado lo visto últimamente en este campo han optado por pasar. Y de ir al cine ya ni hablamos.
Y quizá acabo de poner el dedo en la llaga...
No es ningún secreto que Hollywood padece desde hace años de una escasez de ideas que roza la pertinaz sequía, que se decía antaño. Ha intentado explotar todos los filones posibles para obtener ideas que luego su propia maquinaria llenaba de tópicos hasta reconvertir la originalidad que buscaba en algo cómodamente familiar, arrebatándoles así cualquier atractivo que en un principio pudieran tener. Para hacer esto han echado mano de la literatura durante décadas, de la realidad cuando ha sido rentable, del cómic siempre que les ha venido bien y de los videojuegos en cuanto estos han adquirido suficiente relevancia como para hacer pensar a los ejecutivos que "esas tonterías" atraerían al público capaz de gastar en ello sus dólares.
Los aficionados a su vez han reaccionado en función de sus propias ideas al respecto. Para aquellos que opinan que todo lo bueno del cine procede de la literatura, el proceso de adaptación de ideas de orígenes "menores" ha supuesto una cierta bastardización que ha mermado puntos al género a sus ojos. Incluso cuando hablamos de ciencia ficción -es decir, de un género que en buena medida nació en forma de revistas baratas -nos encontramos con esta prevención. Si encima hablamos de argumentos y personajes sacados de los videojuegos, que al fin y al cabo son escapismo puro y duro, no es de extrañar que se levante más de una ceja. Si a eso le añadimos que las adaptaciones de personajes y argumentos de videojuego al cine no han sido precisamente brillantes -aún me rechinan los dientes por la espantosa Doom -nos encontramos con que mucha de la gente que ama el género en la pantalla y además acepta el space opera como representante válido del mismo se mueve con más precaución que una abuela operada de cadera en un almacén de aceite cada vez que alguien intenta convencerles para que vayan al cine.
No estoy seguro de que éste haya sido el caso, pero sí que es cierto que Wing Commander era, ante todo, un fenómeno nacido en otro medio.
Corría el año 1990 cuando un tipo joven (¿quien no lo era?) sacaba al boyante mercado de los videojuegos para PC un invento llamado Wing Commander. La creación de tarjetas gráficas cada vez más potentes estaba permitiendo por primera vez juegos donde los objetos no fueran manchas casi irreconocibles o líneas de colores, y los juegos de Star Wars basados en la saga de Lucas eran el enemigo a abatir en las estanterías de los nuevos juguetes tecnológicos.
La novedad de Wing Commander no estribaba sólo en un potente software y un aprovechamiento eficaz de las nuevas posibilidades gráficas. Chris Roberts había creado todo un universo en torno a la idea de un juego de naves combatiendo en el espacio, ya que él no tenía unas películas universalmente conocidas en las que apoyarse. Necesitaba un universo coherente y un argumento potente, y lo encontró en las corrientes clásicas de la ciencia ficción cinematográfica y literaria. En Wing Commander la humanidad, aunque extendida por el espacio, estaba siendo atacada por una raza extraterrestre, los Kilrathi, en cuya apariencia gatuna y comportamiento agresivo muchos lectores de genero quizá puedan reconocer -en espíritu y otros rasgos, pero los Kilrathi no tienen su hermoso pelaje naranja -a los Kzinti de Mundo Anillo.
Las cosas no iban demasiado bien en la guerra, y eso daba al jugador la oportunidad de cambiarlas. El juego hizo furor.
En los años siguientes, la saga de Wing Commander llegó a conocer hasta cuatro versiones más, aumentando la calidad gráfica e incluyendo trozos de película con actores interpretando papeles entre misión y misión (uno de ellos, curiosamente, Mark Hamil) mientras seguía una competencia feroz con los juegos de combate espacial, a su vez cada vez más perfectos, de Lucas Arts. Y de pronto, en 1998 y casi por sorpresa, las revistas especializadas y algunos medios comenzaron a hablar de una película con el mismo título. Y dirigida además por el creador del juego, el mismo Chris Roberts, cuya experiencia en dirección cinematográfica podía ser calificada como mucho como nula. Para más inri, la película estaba rodada en Luxemburgo, el lugar más caro y más pequeño de Europa, un sitio donde la nave industrial de una mueblería se les saldría del mapa. Por otra parte, los tráilers parecían interesantes (ese fenómeno aún no era tan engañoso en 1999) y las imágenes que mostraban eran de bastante calidad. Al menos, desde un punto de vista formal...
De modo que me arriesgué. Como bien dice una amiga, somos frikis y estamos orgullosos. Y además, somos audaces...
Tengo que confesar que el arranque me ganó. El tema musical principal te sujeta al sientos de pronto -este es un buen momento para que te lo descargues, está en el enlace de las canciones obsequio-regalo que hay en la columna de la derecha -mientras se resume en forma de cortes de informativos de radio y transmisiones la salida de la humanidad al espacio. El inicio me ganó al instante para la causa de la película. Con apenas unos comentarios eficazmente enlazados se nos contaba el descubrimiento de nuevos quásares, la invención del Navcom y el primer encuentro con una nave Kilrathi, seguido del anuncio de la guerra. Y entonces empezaba la película, y nada menos que con el ataque a Pearl Harbour.
No, no me he vuelto loco. De hecho, los guiños son una de las cosas que hacen que la película logre metérsete dentro. Pero no adelantemos acontecimientos...
En ese Pearl Harbour espacial, un grupo de combate Kilrathi ataca por sorpresa un asteroide base de la flota de la Confederación Terrestre que protege el acceso a la tierra a través del llamado Corredor Ulises (sí, los nombres son clásicos, irresistiblemente sonoros). En el asteroide - llamado Pegasus -hay un Navcom, y al apoderarse de él los Kilrathi adquieren las coordenadas de salto exactas para alcanzar la Tierra. A lo largo de la película vamos descubriendo retazos de la historia de la Confederación: cómo la humanidad salió al espacio guiada por un grupo de seres humanos -los Peregrinos -dotados con habilidades especiales para la navegación entre las estrellas; cómo éstos acabaron considerándose superiores al resto de la humanidad, la guerra civil que siguió, la invención de una IA capaz de hacer los mismos cálculos intuitivos de los Peregrinos y que es una de las máquina que los Kilrathi acaban de robar...
Durante la siguiente hora y media la situación, planteada prácticamente en tiempo real, no puede ser más dramática. La flota principal de la confederación se encuentra a 42 horas de la Tierra. Los Kilrathi, navegando con el Navcom, se encuentran a sólo 40 horas de su objetivo. La suerte del planeta depende de ese lapso de tiempo. Si los Kilrathi no son retrasados de algún modo, la flota de la Confederación llegaría a una roca devastada y en ruinas.

La única posibilidad de la flota confederada reside en el Tiger Claw, un viejo crucero de combate con escolta de cazas que patrulla el sector Vega, y al que llegan, con el dramático mensaje, dos jóvenes pilotos de la academia y un andrajoso capitán de un mercante requisado.
Quede bien entendido que la película no es ninguna obra maestra. Ganaría enormemente sin la historia de amor para adolescentes que incluye a ratitos (pero eso ocurre con tantas películas que resaltarlo sería casi injusto). El rollo de las conversaciones trascendentes y contarse las respectivas historias para que se vea cuanto han sufrido en la vida cada uno de los protagonistas también podrían haberselo ahorrado, porque empezó a hacerse viejo cuando Jhon Ford rodaba La Patrulla Perdida. En fin, que la película tiene los tópicos de turno, y encima tiene a Freddie Prinze Jr., uno de los entes más insufribles que jamás hayan poblado pantalla alguna.
Ahora bien, tiene otras cosas. Multitud de cosas. Para empezar, tiene un ambiente oscuro, casi siniestro, que casa perfectamente con una ambientación sucia, funcional, que recuerda poderosamente a los enfrentamientos navales de la Primera Guerra Mundial, con naves de gruesas planchas de acero llenas de manchas de aceite, marineros con gorros de lana y puentes de combate de techos angustiosamente bajos, llenos de cables, tubos y luces parpadeantes. El diseño de producción, obra de Peter Lamont (Titanic) es sencillo, casi espartano, pero original y efectivo, dotando a la película de un estilo propio. Hay un cierto aire british inspirado en principios del siglo XX que se inicia ya con la introducción y que de algún modo imprime un carácter romántico a la película (empezando por su título, ya que un Wing Commander es un oficial que los británicos introdujeron en los inicios de la guerra aérea como innovación táctica).

Como dije al principio, la trama sabe explotar recursos dramáticos que al público le son familiares, si bien transformándolos y adaptándolos al nuevo entorno de lo que se narra. Así, el ataque inicial es claramente un Pear Harbour espacial, mientras que a lo largo de la película la Tiger Claw vivirá instantes de tensión dignos de una buena película de submarinos al esconderse en la oscuridad de los asteroides de una flota Kilrathi que irá lanzando "cargas de profundidad" para localizar a la nave. Es de destacar también que los alienígenas aparecen muy brevemente a lo largo de la película, siendo su amenaza un recurso más eficaz que su presencia evidente, a pesar de lo cual las pocas veces que se los ve enteros producen una curiosa sensación de otredad contradictoria. Y por supuesto, siempre estarán sus naves, protagonistas de emboscadas y ataques por sorpresa, abordajes y viejos trucos de navegante que la ciencia ficción clásica nos había mostrado más de una vez como concesión a la aventura en el espacio, y que la película no tiene inconveniente en incorporar casi con gozosa insolencia.

Otro aspecto a destacar de la producción son sus efectos especiales. Basados en su gran mayoría en gráficos generados por ordenador, resultan más sorprendentes por su estilo y la forma novedosa de montaje y planificación con la que se los utiliza que por su innovación técnica. Los combates en el espacio, a menudo contemplados desde diversos puntos de observación subjetivos -las naves combatientes, pilotos derribados que ven la acción de lejos, puentes desde los que se dirige la batalla -son de un efectismo impresionante. La animación gráfica, favorecida por el ambiente oscuro de la película, se ve complementada con acciones en sets y escenarios a tamaño natural que apoyan las secuencias de combate con actuaciones realistas y que probablemente hayan sido más influyentes en la CF visual de los años siguientes de lo que muchos admitirían. El comportamiento natural y competitivo de las piloto femeninas -sobre todo de la Teniente Forbes, interpretada por Ginny Holder -probablemente está en el origen del carácter conflictivo y la arrogancia de combatiente de la nueva Starbuck rubia de Battlestar Galáctica. Por no hablar de algunas coincidencias estéticas con la nueva serie bastante evidentes, como la nueva Galáctica decrépita y oscura, con sus sucios talleres casi calcados en ambientación a los hangares de la Tiger Claw, e incluso el diseño de los cazas cylon, literalmente clonados de los cazas Kilrathi (habría que preguntarse si la implicación de Todd Moyer, productor de la película, en el proyecto original de la nueva Battlestar Galáctica tiene algo que ver con tanta casualidad...).

Pero lo que la película tiene es, sobre todo, ritmo, lo cual, teniendo en cuenta la falta de experiencia de Roberts en el cine, es sorprendente. Particularmente en las escenas de acción y combate, lo mejor de la película sin duda. En cuanto a las actuaciones, Tchéky Karyo, Jürgen Prochnow, David Suchet y David Warner -¿alguien se ha dado cuenta ya de que éste hombre sale en casi todo, al menos si hablamos de cine fantástico? -son lo mejor de la película, y lo único que estropea sus actuaciones es que tengan que compartirlas con los abominables "jovenes pilotos" que se supone que la protagonizan.

Es, en suma, una película para disfrutar como una enano y pasar una emocionante hora y media con una más que digna serie B que deja bastante atrás en interés a muchas superproducciones de alto presupuesto que, adoleciendo de los mismos lugares comunes que hoy parecen inevitables en el cine, resultan bastante más aburridas.
Ah, y no sale la bandera americana. Ni una sola vez.
Hay, en suma, una escena que define perfectamente lo que me gusta de ella, lo que en su día me entusiasmó y me ha hecho recordar la experiencia en DVD y compartirla en esta entrada.
Se trata de un momento de la película en el que la Tiger Claw combate a la desesperada con dos naves Kilrathi que la superan en potencia de fuego, y en lugar de alejarse se aproxima a una de ellas, y al grito del oficial al mando de "¡Lánceles una andanada, señor Gerald!" dispara sus tubos laterales de torpedos casi a bocajarro.
Hay aún un niño dentro de mí, que no está enterrado muy hondo, y que saltaba sobre los sofás de casa de sus abuelos, incapaz de contener la emoción que le provocaban los cañoneos y abordajes de Errol Flynn en Capitán Blood mientras en el mundo real transcurría alguna lluviosa y gris tarde de invierno. Ese niño casi me hizo aplaudir en el cine al ver la escena de la andanada del señor Gerald. Me preocuparía si algún día dejara de estar ahí.

Vuestro, afectuosamente
Skalagrim

5 Comments:

Anonymous Anónimo said...

¿Prejuicio en contra de las pelis basadas en videojuegos? Puede que entre el mundillo friki los haya (y tengo mis dudas), pero, seamos serios, si fuera por los ingresos que los frikis dan a las películas, estas no serían rentables. Y películas como "Tomb Raider" o "Resident Evil" (y no entro a discutir si son buenas o malas) han funcionado bien en taquilla... ¿por qué? Porque las ha ido a ver gente que ni sabía ni quería saber ni le importaba que estuvieran basadas en videjuegos.

Esos prejuicios que comentas, me temo, son aplicables a una minoría muy escasa, comparativamente con la gente que llena las salas de cine.

Y, vamos, no pondré ejemplos de otras películas que han funcionado bien en taquilla como "Piratas del Carbie", basadas, no ya en un videojuego sino en un espectáculo de parque temático de Disney.

Vamos, que tu argumento se desmonta solo: el 90% de la gente que llena las salas del cine y que son los que de verdad dan beneficios a la productora, son espectadores que no tienen ni idea, ni les interesa, acerca de si el origen de lo que ven es un videojuego, un tebeo o lo que sea. Van a verla porque hay actores conocidos, una campaña de publicidad agresiva o miles de motivos más.

6:59 a. m., mayo 17, 2006  
Blogger Skalagrim said...

Bueno, yo no estaba pensando tanto en el éxito de taquilla como en que las peliculas pasen desapercibidas. Me explico: el espectador sin más va al cine, se come las palomitas, se divierte un buen rato y ya. La semana que viene verá otra cosa. Le dolerán más -o menos -los seis o siete euros gastados.

Los que convierten las películas en algo más son los "otros" espectadores -un porcentaje sólo del total, vale -que a la salida se van a charlar largo y tendido de lo que han visto, hablan de ella, escriben algo, se compran camisetas o pagan 20 euros por un poster. Es decir, los aficionados (o frikis, lo que quieras). Y aclaro que al escribir esto no pensaba en absoluto el reducido ámbito de los aficionados de éste país.

Cuando una película tiene éxito -o se convierte en algo "de culto", aunque la expresión a menudo se exagera -suele generar series de televisión o de animación relacionadas, alrededor de las cuales se concentra un fenómeno fan.

En este caso no ha ocurrido, y sin embargo la película funcionó bastante bien en taquilla, y permitió a Todd Moyer y a Roberts situarse en el mundo del cine en el terreno de la producción, donde siguen (Roberts es uno de los productores de "El Caso Slevin", y Moyer ha estado metido en varios asuntos relacionados con cine y televisión desde entonces, por ejemplo como socio de Larson para la resucitada Galáctica").

En fin, que si mi argumento -que no pretendía ser un argumento -se desmonta sólo es que no es muy válido, pero me sigo haciendo la pregunta que movió a esa reflexión.

12:47 p. m., mayo 17, 2006  
Anonymous Anónimo said...

El prejuicio contra las películas basadas en videojuegos existe (con no poca razón, por cierto) y, de algún modo, llega al público en general. Además, cabe recordar la fecha, el año 1999, con antecedentes tan gloriosos como "Super Mario Bros" (1993), "Street Fighter" y "Double Dragon" (1994) y "Mortal Kombat" (1995) (mejor ni hablar de su secuela). Sólo la última cosechó cierto éxito. Las pelis más recientes (proyectos de Uwe Boll aparte), provienen de un contexto totalmente diferente, el del auge de las consolas, y se apoyan en nombres más o menos conocidos, y aún así su éxito es muy relativo. No paran de intentarlo, pero no han logrado trasladar las ventas de un mercado al otro, así que la película sólo funciona cuando hay algún otro elemento (Angelina Jolie o Milla Jovovich) que atraiga a un público más amplio.

Pero centrándome en "Wing Commander, la película", que es lo que toca. Tal vez su fracaso haya que buscarlo en sus orígenes, es decir, en su etapa comercial en EE.UU. Debió de parecer una buena idea lanzar una peli teniendo en cuenta que cinco años antes ya se habían gastado veinte millones de dólares para producir Wing Commander III (el juego), con escenas de video protagonizadas por Mark Hamill o John Rhys-Davies. Total, 10 más y a por la película.

Pero no funcionó (11 millones de recaudación) y eso selló su destino, porque, simplemente, no es lo bastante buena como para generar ese fenómeno de reivindicación freak (digamos que al estilo de "Dark City" o "Equilibrium").

Por cada punto interesante (como la escena esa de la batalla naval... estoooo espacial o la fantástica banda sonora de David Arnold y Kevin Kiner) hay detalles como los teleñecos Kilrathi o el trío de actores jóvenes (por favor, que alguien acabe con Maniac) que la lastran. A la postre, no hay nada realmente excepcional que la redima.

Quizás vuelva a verla algún día (no me dejó con mal sabor de boca), pero con tanto por ver...

Más reivindicables me parecen, por ejemplo, "Enemigo mío" de Wolfgang Petersen, basada en la novela corta de Barry Longyear, "2010" de Peter Hyams (antes de su harakiri con "El sonido del trueno) o "Han llegado" de David Twohy.

7:32 p. m., mayo 17, 2006  
Blogger Skalagrim said...

Pero amigo Sergio, si los Kilrathi casi no salen... :D
De hecho, cuando salen al principio con sus armaduras de combate llenas de pinchos y sus dos metros y medio de altura hasta acojonan un poco. Es el plano medio lo que no les favorece. Por otra parte, hay algo en su actitud general de no entenderse con nadie, ni negociar, sino embestir de frente y exterminar que es deliciosamente alienígena. Ni siquiera creen que haya nada que hablar con nosotros. Es un detalle que da ternurilla.

Algo parecido ocurre con el personaje de Jurgen Prochnov, que además repite como capitán de submarinos... Esa actitud racista de chusquero de cuartel que no se fía de los nuevos y ve traidores por todas partes me parece entrañable. Es como el abuelete mcarthista de la familia, y al final, gruñón y todo, se porta (desde mi punto de vista la película desperdicia el factor alienante de los Peregrinos, pero supongo que no les cabía todo).

Totalmente de acuerdo en lo de los jóvenes pilotos. Un guionista piadoso se los habría cargado al principio de la película, y todos hubieramos salido ganando. Safron Burrows podría haber tripulado el caza de las escenas finales, aunque tuviera que llegar a la Tierra preguntando. Hubiera sido un detalle.

Por lo demás puede que sea la música, en efecto, lo que primero te gana, pero sobre todo en mi caso es la ambientación. Es lo más parecida a un steam punk espacial que he visto en cine, y todo ese aire de Commonwealth del futuro... De hecho la historia me recuerda a alguna de las de "Imperios Galácticos", aquellos libros de bolsillo de Bruguera de finales de los setenta...

Para mí es muy superior, por ejemplo, a "Starship Troopers", que sin embargo permanece mucho más viva en la memoria de los aficionados. Eso es en parte lo que quería decir.

Estoy de acuerdo con lo de "Enemigo Mio" (que se merece un buen remake, aunque habría que ver quien y cómo) y con "2010". Respecto a "Han llegado", aunque la historia es interesante me suena más a película hecha para la tele que a cine de verdad. Cuestión de gustos, desde luego.

En fin, que a mí desde luego sí me dice algo Wing Commander, de ahí que le haya dedicado la entrada. Puede que pase como con algunos libros aqui comentados, que yo ponga de mi parte lo que le falta al drama (al fin y al cabo, lo mismo le pedían al público de Teatro del Siglo de Oro antes de cada actuación...).

1:47 p. m., mayo 18, 2006  
Anonymous Anónimo said...

Si no fuera porque vi Wing Comander, al leer tu entrada pensaría que la peli debe ser buena y todo, jijiji...

A ver, claramente la peli auguraba, al principio, un amplio potencial, que se queda en eso precisamente: un puedo, pero no doy para más.

Aunque claro, voy a callarme, porque si digo las pelis (basadas en video juegos) que me gustaron, puede que alguno me canee.

Saludotes

9:13 a. m., mayo 19, 2006  

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